Júpiter en la Mitología Romana

Jupiter y Antiope

Júpiter (también llamado Jove o Iovis) era el más importante de los dioses romanos, equivalente al Zeus de los griegos, y se le presenta como al protector de Roma y el proveedor del orden y las leyes. Nacido del fruto de la relación entre Saturno y Ops, se convirtió en la figura principal de la llamada tríada capitalina, formada por él mismo, Juno (su hermana con la que se casó)  y la hija de ambos, Minerva.

En un principio sus designios controlaban los ciclos del cielo y las estaciones de la tierra, más tarde pasó a ser el protector de las ciudades latinas y finalmente sus competencias abarcaron también las leyes, la autoridad, el derecho y la justicia. El rayo que suele llevar consigo es un atributo de sus primeros tiempos como dios del cielo.

Durante la época de la república Júpiter era venerado como la autoridad suprema por los cónsules, pero este hecho terminaría con la llegada del imperio. Aunque más de un emperador siguió su culto, e incluso más de uno dijo estar en contacto directo con él, Júpiter dejó de ser la suprema encarnación de la grandeza. El mismo César Augusto afirmaba que el dios se le aparecía en sueños para aconsejarle, y el cruel Calígula mandó construir un puente para unir su palacio al Templo de Júpiter Capitalino.

Se le suele representar portando un cetro y un rayo, acompañado en ocasiones por un águila, aunque como en el caso de otros dioses puede adoptar en ocasiones formas diferentes, como cuando quiso seducir a Antiope tomando la forma de un sátiro.

La historia de su nacimiento nos lleva a Saturno, quien por mandato de Titán, su hermano mayor, debía devorar a todos sus descendientes. Ésto garantizaría el derecho al trono de Titán, pero Ops intervino salvando a tres de los hijos de Saturno, Júpiter, Plutón y Neptuno. Júpiter pasó su infancia en la isla de Creta, oculto de Titán y siendo amamantado por Amaltea. Cuando estuvo preparado se dispuso a reclamar su derecho al trono, no sin antes vencer a Titán y a Saturno.

Una vez hecho, Júpiter dio a Saturno un brebaje para que vomitase a sus tres hermanas devoradas, Vesta, Ceres y Juno. Luego se encargó de repartir el poder, quedando Neptuno al cargo de los mares, Plutón como gobernante del inframundo y luego se casó con su hermana Juno.

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Categorias: Mitología y Leyendas



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