La leyenda siciliana de Anfipione y Anapia

La leyenda siciliana de Anfipione y Anapia

Italia es una tierra muy rica en leyendas. Nos situamos en la hermosa Sicilia, una región de la Italia insular, que además supone la séptima mayor isla europea por dimensiones. Es justamente aquí donde encontramos la preciosa y emotiva leyenda de Anfipione y Anapia.

Estos hermanos vivían felices con sus padres, que aunque eran ya mayores, se desvivían por ellos. Todos convivían sobre la falda del Monte Etna, en una preciosa casa ubicada en tierra fértil. Así, esas pequeñas tierras que rodeaban su morada, les regalaban dos cosechas al año, más que suficiente para llevar una vida tranquila.

Una noche, cuando todos dormían, el volcán despertó. Los habitantes del valle comenzaron a correr escapando de sus casas, pues las detonaciones volcánicas se presentaban como un peligro inminente hacia sus vidas. Al alba, un espeso humo negro cubrió el cielo oscureciendo completamente el sol, tras esto, del cráter comenzaron a saltar lenguas de lava encendida que recorrían velozmente la tierra.

Anfipione y Anapia buscaron corriendo a sus padres para salir huyendo de ese infierno. El problema es que sus padres ya estaban mayores, por lo que tras correr unos metros imploraron a sus hijos que los dejaran allí y se salvaran ellos.

Anfipione y Anapia podían ver como el paso de la lava lo destruía todo. Las casas caían, las plantas ardían y la lava conseguía convertirlo todo en un desierto de piedra. Aun así, los hermanos no hicieron caso a las súplicas de sus padres y los cargaron a sus espaldas comenzando a correr por el camino.

Desgraciadamente la lava era mucho más rápida que ellos, algo que sus padres veían alarmados. Volvieron a implorar a los hermanos que los dejaran ahí y que salvaran sus vidas. No obstante, los jóvenes parecían no entrar en razón. Sólo querían salvar a sus padres.

Parecía que ya no había salvación. El torrente de lava los alcanzaba. Así pues, simplemente se abrazaron fuertemente todos, esperando a que el fin llegara. No obstante, ante esta prueba de amor el fuego pareció cobrar vida, pues respetó a esta pequeña y unida familia. El torrente de lava, justo cuando llego a la altura de los cuatro, se dividió, quedando así la familia completamente ilesa.

Cuando la vida volvió a florecer en esta zona, se levantó un monumento en honor a estos dos jóvenes. Es más, a día de hoy, este lugar aún es conocido como Campi Pii, Campos Piadosos, con el fin de recordar la acción de estos dos hermanos.

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Foto vía: photovolcanica

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Categorias: Italia, Mitología y Leyendas



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