La Basílica de San Miniato al Monte, Florencia

San Miniato

Si bien es cierto que por las calles de Florencia contamos con numerosas visitas, los alrededores de la ciudad también pueden ofrecernos sorpresas, como por ejemplo la Basílica de San Miniato al Monte.

Está ubicada en uno de los lugares más altos de la ciudad, alejada de los grandes palacios y las prestigiosas pinacotecas. Concretamente la encontramos junto a la famosa Piazzale Michelangelo, el mejor mirador de la ciudad con diferencia. Así, esta basílica, uno de los mejores ejemplos románicos de la Toscana, se levanta sobre el privilegiado paisaje de la bella Florencia.

San Miniato fue el primer mártir de la ciudad. Dicen que probablemente se tratara de un mercader griego, aunque muchos otros aseguran que era un príncipe armenio en peregrinación a Roma. La historia de este personaje narra como tras llegar a Florencia en el año 250, comenzó una vida de ermitaño. Fue decapitado durante la persecución anticristiana del emperador Decio, no obstante, según la leyenda, tras su ejecución se marchó llevando en la mano la su propia cabeza y volviendo así a su cueva de ermitaño, que es el lugar en el que se levanta actualmente la basílica.

En el siglo VIII se levantó en este lugar una pequeña capilla. Fue en el año 1013, bajo los auspicios del obispo Alibrando, cuando finalmente se comenzó a construir la basílica actual.

En sus orígenes fue un monasterio benedictino, no obstante, en el año 1373 pasó a la orden cluniaciense. En la actualidad está habitado por la Congregación Benedictina Olivetana.

¿Qué hace tan especial a esta Basílica? Para empezar su hermosa fachada. Comenzó a perfilarse en el siglo XII y cuenta con el típico paramento florentino, lleno de mármoles blancos y verdes que se organizan en compartimentos geométricos. En la parte inferior de la misma encontramos la típica arquería ciega con portales similar a Santa Maria Novella. Asimismo, destacamos un mosaico entre los mármoles que se realizó en el siglo XIII y en el que se puede observar a Cristo, situado entre la Virgen y el propio San Miniato.

Si bien es cierto que el exterior llamará nuestra atención, los tesoros de San Miniato los encontramos en su interior; y es que pocas iglesias cuentan con tanto encanto como esta, la cual parece un auténtico museo sacro.

Está divida en tres naves, conservando así su estructura original. Cuenta con una nave central dominada por la Capilla del Crucifijo, creada por Michelozzo en el año 1488. Esta capilla guardaba el milagroso crucifijo de San Juan Gualberto, crucifijo que actualmente se guarda en la Santa Trinita. Asimismo, en el altar mayor de la cripta se conservan los huesos de San Miniato.

Quizá lo que más nos llame la atención sea su decoración, así, el coro está decorado con un espectacular mosaico creado en 1297 que se alzó respecto a la cripta el ábside. Este mosaico nos dejará completamente asombrados, pero no menos que los frescos de la sacristía, unos hermosos frescos que narran la vida de San Benedicto y que fueron obra de Spinello Aretino.

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Foto vía:   thearchigeek

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