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El Palacio Ducal, desafío a la Física

La fachada del Palacio Ducal a la Plaza de San Marcos

La Plaza de San Marcos es el corazón de Venecia. Siempre llena de turistas (y de palomas), está flanqueada por edificios de enorme relevancia artística e histórica. Uno de ellos es el Palacio Ducal, llamado Palazzo Ducale por los italianos.

Esta construcción de inconfundible estilo gótico se encuentra en la zona oriental, regalando a los visitantes la fabulosa ornamentación de dos de sus fachadas. Los cimientos de esta atractiva obra arquitectónica hay que buscarlos en el siglo X, pero su aspecto ha ido modificándose a lo largo de los años con ampliaciones y reestructuraciones, puesto que varios incendios dañaron áreas importantes de su estructura.

Tres grandes cuerpos forman su cara externa. Un muro de mármol rosa y blanco, decorado con motivos geométricos y salpicado con algunas ventanas, descansa sobre una galería abierta, de la que destacan los óculos de cuatro lóbulos que rematan sus 71 columnas. El cuerpo inferior y soporte de lo anterior es un conjunto de 36 pilares ojivales, cuya ornamentación más llamativa se localiza en los capiteles con hojas de acanto y en las esculturas de las esquinas.

Uno de los aspectos más curiosos del Palacio Ducal es su propia estructura, que desafía las mismísimas leyes de la Física. Por norma general, lo más liviano recae sobre lo más pesado, pero aquí es justo al contrario, lo cual no ha desestabilizado lo más mínimo la construcción.

El grupo escultórico representa a Adán y Eva

Son numerosas las leyendas que rodean al Palacio Ducal. La mayoría guardan relación con el inmueble colindante que se levantó en el siglo XVII y cuyas dependencias fueron empleadas como prisiones. El puente de los Suspiros, uno de los más famosos de la ciudad de las góndolas, conecta ambas edificaciones y era la última oportunidad del reo para ver el paisaje veneciano.

Asimismo, cuentan que una de las columnas del palacio está torcida, y los condenados podían salvarse si daban vueltas a la misma sin resbalar. En lo que respecta al interior, en el patio no hay que perder de vista los pozos, la fachada del Reloj y las escaleras.