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Las Catacumbas de Palermo

En la isla de Sicilia, en las afueras de la ciudad de Palermo, se encuentra un cementerio subterráneo que alberga a unos 8 mil cadáveres momificados. Se trata de las Catacumbas de los Monjes Capuchinos, una atracción turística no apta para personas sensibles.

Lo cierto es que, si bien es un lugar muy interesante por su historia para visitarlo, los viajeros impresionables tal vez deberían pensar en abstenerse. Allí, las miles de momias permanecen con sus ropas originales, representando a la sociedad de Sicilia entre los siglos XVII y XIX.

Niños, señores, personas pobres y los mismos frailes eran puestos a descansar allí. Los inicios de este cementerio se remontan al año 1599, cuando los frailes enterraron bajo el altar mayor de la iglesia del monasterio al Hermano Silvestro de Gubio para que fuera visitado, ya que en ese entonces corrían los rumores sobre la posible santidad del fraile.

Así fue que los monjes descubrieron esta cueva subterránea, y comprobaron que el lugar reunía excelentes condiciones climáticas para ser una catacumba. Por ello decidieron trasladar a otros 40 frailes fallecidos.

Con el paso del tiempo, debieron ampliar el tamaño de la cueva, cavando galerías bajo tierra hasta alcanzar los 300 metros cuadrados en 1732, tamaño que conserva en la actualidad. Cuatro pasillos unidos en forma rectangular, y atravesados por un quinto pasillo, conforman la estructura de este cementerio.

Allí pueden verse hasta hoy los cuerpos momificados. De pie, con las manos cruzadas y colocados en fila, resultan verdaderamente impresionantes si uno considera que son cuerpos humanos que vivieron hace ya varios siglos.

Actualmente, es posible visitar el pasillo de los frailes, que fue el primero en ser utilizado, el pasillo de los hombres, con un sector destinado a los cuerpos de los niños, y el pasillo de las mujeres, en donde los cadáveres permanecen recostados. Seguramente un personaje conocido de este lugar es Rosalia Lombardo, una pequeña de 2 años que falleció en 1920, y cuyos restos se conservaron de manera increíble.

El trabajo de momificación de la niña fue realizado por el doctor Solafía, quien inyectó en su cuerpo una combinación de compuestos químicos cuya fórmula no reveló y que permanece en secreto.