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Baco en la Mitología Romana

Uno de los dioses de la mitología romana que más simpatía despiertan en nosotros es sin duda el despreocupado y licencioso Baco, señor del vino y del desenfreno, del cual proviene la palabra «bacanal». Es el equivalente romano del griego Dionisos, y pese a que todos le asociamos con las juergas y el libertinaje, lo cierto es que su historia no es un camino de rosas, sino que está llena de tragedias, luchas y venganzas.

Además, Baco no era su único nombre, también era conocido como Líber por la liberación del hombre mediante el vino, como Iacchus (gritar o vociferar en griego) por los gritos de las personas ebrias, como Leneus por ser el dios de los lagares y otros muchos apelativos. Es representado frecuentemente como un joven que porta en la mano a veces un racimo de uvas y a veces una copa, y cuya cabeza es adornada por una corona de hiedras.

Baco nació fruto de la unión entre Júpiter y Semelé, viniendo al mundo en la isla de Naxos. Poco después de su alumbramiento fue llevado por Mercurio a la mansión de las ninfas, donde fue alimentado, cuidado e instruido en las artes de la danza y la canción. También fue durante estos años cuando Sileno le mostró las técnicas para cultivar la vid. Su paz se vio interrumpida cuando los Gigantes trataron de apoderarse de los cielos, hecho que Baco impidió luchando contra ellos utilizando la forma de un león.

Mientras Baco viajaba hacia la India, con la intención de conquistarla, pasaba por la desértica Libia y fatigado y presa de la sed, pidió Júpiter que le saciara. Su padre le envió a un carnero que le guiaría hasta una fuente donde pudo beber y mitigar su sufrimiento. Una vez que volvió a su tierra, se desposó con Ariadna, una de las hijas de Minos, monarca de la griega isla de Creta y emprendió la misión de ser reconocido como dios, castigando duramente a quienes no le reconocieran como tal.

La ira de Baco cayó en primer lugar sobre Iris, Climena y Alcitoé, las Mineidas, a las que transformó en murciélagos por no rendirle homenaje durante las celebraciones en su honor. Licurgo, gobernante de los dones de Tracia también saboreó el castigo de Baco por haber ordenado destruir las vides de su reino, siendo llevado lo más profundo de un bosque y abandonado allí como alimento para las fieras salvajes.

La forma de culto a Baco eran las bacanales, muy parecidas en esencia a los aquelarres, debido a que en un principio sólo participaban mujeres y que se celebraban los días 16 y 17 de Marzo. Más tarde se permitió a los hombres participar en ellas, y también se incrementó la frecuencia con que se celebraban. Curiosamente, las bacanales fueron prohibidas y severamente castigadas, y sólo se podían celebrar con el permiso del senado, pero como suele ocurrir, ésto no impidió que se siguieran celebrando en secreto.