La isla de Elba, el exilio de Napoleon

Residencia napoleónica

De las aguas cristalinas del mar Ligurio, al oeste de la región de Toscana, surge la isla de Elba, tan llena de vida natural como de escenarios históricos memorables. Su nombre significa Puerto de hierro, en alusión al tan preciado hierro que los etruscos hallaron en numerosos depósitos y que les permitió ejercer su dominio sobre algunos territorios que hoy constituyen la República Italiana.

Más tarde, los romanos se hicieron cargo de explotar estos recursos, en la isla más grande del archipiélago toscano y además una de las más hermosas por sus paisajes. Las montañas que se recortan contra el cielo suavizan sus laderas hasta internarse en el mar, y convierten a Elba en un codiciado destino turístico. De la misma manera, alguna vez estas vistas supieron encantar a Napoleón, quien las eligió como escenario de su exilio.

Tras el fracaso de la campaña en Rusia, el emperador abdica y abandona su trono en Francia. Desde mayo de 1814 hasta febrero de 1815, se refugió en la bellísima isla de Elba, en donde ocupó su tiempo en el desarrollo urbano de la ciudad de Portoferraio. La Villa dei Molini se convirtió en su residencia oficial, en donde se encuentra aún intacta su biblioteca, con los libros que eran el eterno remanso de Napoleón.

Junto a la residencia se extiende la plaza que hoy lleva su nombre: la Piazza Napoleone es un sitio de gran belleza natural, ubicado en la parte más alta de la ciudad. Desde allí se obtienen unas vistas magníficas de todo cuanto rodea a la Villa dei Molini.

Cada año, durante el aniversario de su muerte el día 5 de mayo, una multitud se acerca a conmemorar el fallecimiento del emperador, aun cuando éste pasara sus últimos momentos en Santa Helena. La Iglesia de la Misericordia conserva algunas reliquias, entre las cuales destacan la copia del sarcófago de Napoleón y una reproducción de bronce de su máscara fúnebre.

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