Oratorio de San Miguel de Florencia

En 1336 se comenzó la construcción del Oratorio de San Miguel, conocido tambien como el Or San Michele, en Florencia. Erguido sobre las ruinas de una pequeña iglesia dedicada a San Miguel en Orti, y para que no se olvidara el antiguo valor cultural del lugar, en los pilares externos de la galería se pusieron 14 tabernáculos para estatuas de los santos patrones mayores que fueron ordenadas a los mejores escultores de los inicios del quattrocento.

Las esculturas de los santos patronos fueron financiadas por los potentes gremios de las artes y realizadas por los mejores artistas florentinos como Verrocchio, Giambologna, Ghiberti y, por supuesto, Donatello. Las obras que actualmente están en los tabernáculos son copias y los originales descansan dentro del museo en el primer piso del edificio.

De las obras de Donatello, la figura de San Jorge, realizada para el gremio de los arqueros, patrono de los espaderos y fabricantes de armaduras, es la obra más admirada de Or San Michele.

Se presenta con firmeza sobre el suelo, los pies clavados en la tierra, y un rostro concentrado y enérgico, con una atenta mirada al frente; características muy lejanas a la serena belleza de los santos góticos. El San Jorge es la primera obra en la que el elemento del perfil es dominante, y ofrece una serie de vistas secundarias en medio perfil, en todas las cuales la silueta era igualmente armoniosa e igualmente compacta.

El enérgico San Jorge representa un paso más en la conquista del espacio escultórico frente a la arquitectura, destacando la expresividad de la cabeza y el movimiento del cuerpo con armadura. En la predela se puede admirar el relieve narrativo del episodio de San Jorge y el dragón, donde Donatello innovó su técnica del relieve scchiacciato o “aplastado”, que consiste en graduar la composición mediante una sucesión de planos aplastados de capas finísimas, que prestan efecto pictórico al conjunto. Con esto Donatello logra una perspectiva con punto de fuga central donde está San Jorge.

Asimismo podemos ver a San Marcos, donde aún domina la idea del bloque, con un ligero movimiento y una suerte de contraposto, una marcada verticalidad en los pliegues, la cabeza levemente inclinada, músculos del rostro y pupilas marcadas, y una seriedad y augustés digna de un hombre florentino.

Y por último destacamos la escultura de bronce ensamblada de San Luis de Tolosa, inacabada en la cara posterior puesto que fue concebida para insertarla en una arquitectura. En esta Donatello incorpora dos detalles novedoso: el primero en las ropas, pues las vestiduras comienzan a abultarse, a ser más dinámicas en virtud del cuerpo que están cubriendo; y en segundo lugar, en el báculo, las pequeñas figuras humanas de carácter meramente ornamental.

Todo esto nos revela los conocimientos del artista sobre el arte clásico greco-romano y la forma en que irá implementándolos en sus obras posteriores.

Foto vía: florenceitaly

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