Giuseppe Garibaldi, el firme defensor de la república

Giuseppe Garibaldi

Una de las figuras militares y políticas más significativas de Italia fue la de Giuseppe Garibaldi, nacido en 1807 en Caprera. En sus años de juventud, el pequeño Giuseppe quiso seguir la trayectoria de su padre, un marino genovés, alistándose en un barco por un periodo de 10 años, hasta que consiguió hacerse con el título de capitán. Trabajando para la marina de Cerdeña, Giuseppe participó en un motín que no salió bien, por lo que se vio obligado a exiliarse. Fue durante esta época que tomó contacto con las ideas del nacionalista Mazzini y del socialista Saint-Simón.

Tras pasar algunos años viviendo en Sudamérica, donde formó parte de distintos actos bélicos de liberación, y siempre en alianza con los más desfavorecidas clases sociales, llegó a ser nombrado capitán de la flota uruguaya contra Juan Manuel de Rosas, el entonces dictador de Argentina. Un año más tarde fue uno de los organizadores de la milicia italiana de la que después surgirían los «camisas rojas«.

Gracias a su pericia como militar, se hizo con cierto renombre en Europa, a la que volvió para liberar Lombardía de las tropas austriacas y pasó los siguientes 30 años de su vida luchando por la unificación de Italia. Durante este periodo pasó un tiempo exiliado en Suiza, después en Niza y luego regresó a Roma tras la huida del Papa Pío IX, en 1848. Desde Roma, Garibaldi defendió a capa y espada como diputado, que Italia debería pasar a ser una república, y además independiente del poder papal, idea por la que luchó contra franceses y napolitanos.

El segundo exilio para Garibaldi llegó con el asalto de Roma del 1 de Julio, tras lo cual se vio obligado a marchar hacia San Marino, por entonces neutral. Durante este periodo pasó por diversos lugares como Tánger, Nueva York y Perú, país en el que volvió a ejercer de capitán mercante.

En el año 1854 se permite volver a Italia a Giuseppe, dándosele el mando de las tropas piamontesas para luchar contra los austriacos de nuevo. Consiguió la victoria anexionando a Lombardía el Piamonte, después de lo cual se dirigió al centro de Italia para dirigir un ataque para conquistar los territorios papales. Aunque nunca llevó a cabo tal acción, porque Victor Manuel II decidió en el último momento que sería demasiado arriesgado.

Decepcionado por la decisión de Victor Manuel II de ceder Niza y Saboya a los franceses, reúne a un grupo de cerca de 1000 camisas rojas y emprende la conquista por su cuenta del reino de Nápoles, haciéndose con ella en 1860 y cediéndola a Victor Manuel II, quien proclamaría el nuevo Reino de Italia apenas un año más tarde.

Desde este momento, y con Roma como objetivo por seguir siendo de dominio papal, Garibaldi se opone a la permanencia del papado en territorio italiano y lucha activamente contra ello. Pero en 1862 cae herido en la batalla de Aspromonte y es hecho prisionero, pero es perdonado por sus actos de guerra y es puesto en libertad poco después, para ser el presidente del Comité Central Unitario Italiano.

Su carrera en la política terminó con su fallecimiento en el año 1882, tras unos años de servicio como diputado del Parlamento Italiano.

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