Capilla de la Arena en Padua, parte II

Capilla de la Arena en Padua

En el artículo anterior sobre la Capilla de la Arena, vimos los revolucionarios frescos que el maestro Giotto pinto en la Capilla Scrovegni en Padua, dedicando su pincel a la Virgen y a Cristo, pero podemos decir que el esfuerzo del artista por aumentar la intensidad emotiva y espiritual de sus composiciones alcanza un punto culminante en la escena de la Lamentación, donde cada figura es un individuo concreto en cuanto a volumen, disposición espacial y reacción personal.

La angustia se revela con gestos extremadamente violentos y otros limitados a una simple inclinación de la cabeza. San Juan aparece con los brazos abiertos, mientras que María Magdalena, sentada en el suelo, coge con afecto los pies del muerto. Incluso los diez ángeles que aparecen en el cielo, en escorzo, se unen a estas diversas manifestaciones de la desesperación: lloran, se mesan los cabellos o se cubren el rostro. A las figuras entristecidas las rodea un paisaje árido, con una montaña rocosa que forma una diagonal hasta un árbol seco en lo alto, que subraya la desolación por la muerte de Cristo.

En la base inferior de los muros se pueden apreciar las franjas de mármol pintado, interrumpidas por grisallas de las Siete Virtudes y de los Siete Vicios. Mientras que en el muro de la entrada se presenta la escena del Juicio final. Esta ocupa todo el muro y aquí radica el punto culminante de todo el conjunto. Se puede ver al propio Enrico Scrovegni, con un tamaño igual al de los santos, arrodillado para ofrecer una replica exacta de su capilla a una Virgen que le acoge con benevolencia.

Capilla de la Arena en Padua

Al igual que el revolucionario marco de arquitectura ficticia se basa en las articulaciones casi exclusivamente decorativas del siglo precedentes, el contenido del esquema de Giotto se deriva también -aunque con variaciones- de modelos anteriores. Es un aspecto original la calculada habilidad con que se hace avanzar la narración en una continua espiral que se despliega a lo largo de los muros en torno al espectador, cuando éste se encuentra en el centro claramente definido de la capilla. En el seno de un esquema unitario y centralizado, cada fresco es un mundo en sí mismo y cada una de las historias es autosuficiente. Todos los marcos de las escenas están completados desde un punto de vista central de carácter propio. Las diferentes composiciones sólo se pueden entender plenamente a la luz de las historias descritas.

La Capilla de la Arena evidentemente nos informa del amplio repertorio compositivo que dominaba el maestro Giotto, pero también de cuáles eran sus recursos básicos para conseguir efectos de tridimensionalidad en la pintura. Su preocupación por el espacio, que construye de acuerdo a una cierta perspectiva lineal basada en experiencias anteriores, muy mejoradas, su interés por el volumen de las figuras, para lo cual se sirve de amplias túnicas que le permiten conferir corporeidad a los personajes y dotarlos de una solemnidad inusual, a lo que también colabora su dominio de un amplio registro gestual y dramático.

Giotto utiliza la arquitectura para pintar y resaltar la perspectiva, logrando un espacio convincente, aunque sin punto de fuga único. En él se puede contrastar la creencia de que este tipo de construcción oblicua, suavizada o modificada, se encuentra relacionada con una nueva consciencia de los genuinos escorzos que aparecen cuando se observa un sólido real. Aquí experimentó con la posibilidad de combinar, según iba trabajando desde la parte superior, el decorativismo de la perspectiva frontal escorzada con la fidelidad a la realidad que veían en la perspectiva oblicua. Con independencia del desarrollo de exteriores ligeramente oblicuos cada vez más consistentes y espaciosos, la complejidad y espaciosidad de los interiores crecen a medida que Giotto va avanzando hacia abajo en la decoración de la capilla.

Como ocurre siempre en los edificios de Giotto –excepto los primeros que pintó-, las figuras ocupan toda la profundidad del espacio definido por los mismos. La creciente complejidad formal de las composiciones de este artista nunca es un fin en sí misma, sino el instrumento del que se sirve en su esfuerzo por ampliar el contenido psicológico y acentuar la sutileza y variedad de las reacciones individuales ante un acontecimiento dramático concreto. Dicho todo esto, no se puede dejar de visitar la Capilla de la Arena si se está en Padua. Nadie puede negar el valor histórico y la belleza artística que la genialidad de Giotto plasmó en estos frescos.

Horarios: todo el año de 9.00 a 19.00 hs.
Precio: de 11 a 1 €
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