Caorle, en la costa del mar Adriatico

Catedral de San Esteban, Caorle, Venecia, Adriático

Ubicado a sólo 90 minutos de Vicenza, el pueblo de Caorle, en Venecia, cuenta con una extensión de arenas blancas y limpias que hace las delicias de quienes se van de vacaciones en busca de paz y paisajes encantadores. Además, su rica historia lo convierte en un paseo magnífico. Las aguas del Adriático invitan a la relajación y el descanso. Caorle es un destino ideal para disfrutar de un verano inolvidable.

Antiguamente, la ciudad llevaba el nombre de Caprulae. Data del siglo I a.C., y numerosos hallazgos arqueológicos se han efectuado en sus terrenos. Un ejemplo espléndido de la cultura que reinaba en esta región es el altar llamado Ara Licovia, consagrado a los sacrificios rituales. Puede observarse en la catedral de Caorle.

San Esteban, la catedral del pueblo, fue construida en 1038 en estilo romántico. El campanario cilíndrico, edificado 10 años después que el templo, posee una cúpula cónica que la distingue de cualquier otra torre del mundo. También es interesante visitar la catedral por las obras maestras de la escuela veneciana que alberga en su interior. La última cena de Gregorio Lazzarini es el más destacado fresco de la época.

El Pala d’oro, donada por la reina Catalina Cornaro, es el altar de oro macizo, una de las vistas más impresionantes de la catedral. Desde el techo, un crucifijo del siglo XV cuelga sobre el altar principal, proporcionando un panorama de sorprendente belleza y misticismo.

Madonna dell’Angelo, Virgen del ángel, Caorle, Adriático

Otra magnífica postal de Caorle es la Iglesia de la Sagrada Virgen del Ángel, construida sobre una elevación que desciende hasta internarse en el mar. Reconstruida en el siglo XVIII debido a los daños causados por las aguas del Adriático, este hermoso templo es hogar de leyendas centenarias.

Dice la tradición que unos pescadores divisaron una luz en el mar. Al llegar a ella, descubrieron una estatua de la Virgen María con el Niño, y la llevaron a la costa. El obispo y la gente del pueblo intentaron trasladarla a la catedral, pero su peso lo impidió. Sólo se consiguió llevarla hasta la Iglesia del Arcángel Miguel, y de allí deriva el nombre de esta Virgen que cuenta con multitudes de devotos que le rinden homenaje cada año.

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