Una amenaza muy real

El cambio climático es un hecho que tememos y a cuyos efectos parece que nos resignamos. En Italia sus consecuencias son o pueden ser muy diversas: el hundimiento bajo las aguas de la hermosa Venecia, cuando el nivel del mar suba a causa del deshielo de los Polos, tal y como afirma el Fondo Mundial para la Naturaleza; el retroceso de los glaciares de los Alpes, hasta el punto que ya hay que replantear las fronteras con Suiza; el resurgimiento de la malaria y otras enfermedades tropicales gracias al aumento de las temperaturas en estas latitudes; y un largo etcétera.

Hay que tener claro que el cambio climático es una amenaza muy real que amenaza a la naturaleza en toda su extensión y también a los humanos, que formamos parte de ella. Es algo que nos afecta muy directamente y ante lo cual no debemos retroceder y resignarnos, sino intentar detenerlo en la medida de nuestras posibilidades. Ya es tarde para algunos cambios, pero otros todavía son posibles.

Hay lugares en los que se toman ciertas medidas preventivas ante lo que pueda llegar, como por ejemplo, el caso de Venecia y el proyecto «Mose». Pretenden crear para 2013 un sistema de barreras para evitar las altas mareas. Sin embargo, muchos expertos afirman que es totalmente insuficiente.

Es necesario tener en cuenta el «qué pasará cuando…», pero es mejor pensar positivamente y actuar conforme al «que se puede hacer para evitar que pase». Individualmente podemos hacer mucho, utilizando eficientemente, y sin derrochar, la energía; reutilizando y reciclando para evitar crear residuos que luego se almacenarán en los vertederos o serán incinerados, enviando toneladas de CO2 al aire. Llevándote bolsas de tela de casa cuando compres, tanto en tu ciudad como cuando viajes, puedes ahorrar muchísimas bolsas de plástico que luego irían a la basura. Utilizando el sentido común se puede mejorar mucho y también sirve como ejemplo a los demás, estimulando la concienciación ante el problema.

Pero también es necesaria la concienciación a nivel de las autoridades. Serían indispensables políticas medioambientales realistas y cuya base sea la sostenibilidad. Por ejemplo, en Italia, país mediterráneo agraciado por el sol, deberían instalarse paneles solares en los edificios públicos y subvencionarlos para los privados, y así dejar de depender de la peligrosa energía nuclear y de otras más contaminantes.

Sería adecuado incentivar el uso de coches eléctricos o de metano, y eliminar de la circulación los de gasolina que, por su contaminación, han obligado en alguna ocasión a cerrar el tráfico en el centro de Roma. De hecho, sería ideal eliminar totalmente la circulación de automóviles del centro de las ciudades y promover el uso de las bicicletas, sobretodo en un país con tan buen clima como es el italiano.

Con el uso eficiente de las energías por parte de los particulares y las empresas y con medidas impuestas desde los gobiernos sería posible reducir el impacto del cambio climático y evitar sus dramáticas consecuencias, tanto para nosotros como para el mundo en que vivimos y al que, en definitiva, se lo debemos todo.

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