Los principales destinos turísticos de Italia

Coliseo romano

No es casualidad que Italia sea considerada, de manera casi unánime, como el país más hermoso de Europa. De hecho, no existe ningún otro estado en el mundo que concentre un mayor número de lugares incluidos en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Motivos para ello no le faltan, ya que reúne dos ingredientes que la convierten en un destino imprescindible: por un lado, una asombrosa diversidad geográfica y paisajística, que abarca desde los parajes alpinos del norte hasta sus magníficas playas, y por otro, un soberbio patrimonio monumental que encierra más de 2.800 años de historia, desde la civilización etrusca hasta nuestros días, pasando por el impresionante legado del imperio romano o las no menos fascinantes construcciones renacentistas.

Ante tal abanico de alicientes, resulta difícil indicar cuáles serían los rincones indispensables de la geografía italiana, y que todo el mundo debería visitar por lo menos una vez en la vida. No obstante, se indican a continuación algunas sugerencias que, sin duda, cautivarán al viajero.

Roma

Realmente, las palabras se quedan cortas para referirse a la hipnótica capital del país. El sobrenombre con el que se la conoce, la Ciudad Eterna, ya arroja una idea sobre sus múltiples reclamos. En ella florece un mosaico de construcciones milenarias, preñadas de historia, como las ruinas romanas del monte Palatino (una de las siete colinas sobre las que se levantó la ciudad) y del Foro, sin olvidar la imagen más representativa de toda Italia: el sobrecogedor Coliseo. Estos valiosísimos testimonios conviven con otras joyas de la Antigüedad, como el Panteón de Agripa (que revolucionó la arquitectura de su tiempo), el teatro de Marcelo o las termas de Caracalla.

Además, no hay que olvidar que Roma acoge en su interior un pequeño pero influyente estado que no hay que dejar de descubrir: la Ciudad del Vaticano, con los Museos Vaticanos y la preciosa basílica de San Pedro del Vaticano como carta de presentación. Su aura de religiosidad y opulencia, no obstante, salpica al callejero romano, sobre el que se erige un rosario de magníficas iglesias de distintos períodos.

Asimismo, la región de Roma, el Lazio, también da cabida a interesantes villas romanas, como Villa de Este, en Tívoli, o Villa Adriana.

Roma cuenta con dos aeropuertos, ambos internacionales: el de Fiumicino (también llamado Leonardo da Vinci), sito a 25 km al suroeste, y el de Ciampino, que se halla unos 13 km al sureste, y en el que operan aerolíneas de bajo coste.

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Milán

Aunque la capital de Lombardía (a 540 km de Roma) es sobre todo un centro industrial y financiero, Milán es también una de las principales plazas de la moda europea. Y por supuesto, una urbe cargada de historia y con una intensísima vida cultural. Si bien no puede compararse con las principales urbes del arte italiano, posee algunos lugares que merece la pena descubrir, comenzando por su espectacular Duomo, una catedral de estilo gótico con unas particularidades arquitectónicas únicas en el mundo, o la iglesia renacentista de Santa María de la Gracia (1465-1482), cuyo interior acoge uno de los frescos más famosos de todos los tiempos: la enigmática «Última Cena» de Leonardo da Vinci.

A su vez, otras visitas aconsejables son el castillo Sforzesco, el teatro de la Scala, el palacio de Brera —que alberga un importante museo pictórico—, la Pinacoteca Ambrosiana o las galerías de Vittorio Emanuele II.

Al igual que Roma, Milán dispone de dos aeropuertos internacionales: el de Malpensa (el principal) y el de Orio al Serio, situado en la cercana población de Bérgamo y en el que operan vuelos «low cost».

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Venecia

Si existe un destino idílico en Italia, ése es sin duda la antigua república Serenísima. Situada a 573 km de Roma, sobre una laguna al norte del río Po, a 4 km de tierra firme, esta pequeña ciudad de apenas 271.000 habitantes es un desafío urbanístico y un capricho geográfico único en el mundo. Formada por 120 islotes interconectados entre sí por 455 puentes e irrigada por 177 canales, Venecia es un verdadero regalo para los sentidos. Además del placer de descubrir sus múltiples alicientes a bordo de una góndola, el viajero se sentirá desbordado por la gran concentración de palacios, museos, galerías de arte, iglesias —con la maravillosa catedral de San Marcos a la cabeza— y conventos que allí se concentran, y que son depositarios del talento de maestros como Tiziano, Tiepolo, Bellini o Tintoretto. Todo ello sin obviar sus dos grandes acontecimientos de fama internacional: la Mostra de Cinema y su carnaval.

Para llegar a Venecia en avión, hay que tener en cuenta que hay tres aeropuertos internacionales cercanos: el de Marco Polo, el de Sant’Angelo (en Treviso) y el de la ciudad de Verona, también en el Véneto, al que también llegan vuelos de bajo coste.

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Florencia

Se dice que Stendhal, al visitar la iglesia de la Santa Croce en 1817, estuvo a punto de desmayarse ante el torrente de emociones que estaba experimentando. De ahí lo que se conoce como síndrome de Stendhal, y que define la sensación que embarga a muchos de los turistas que se acercan hasta la fotogénica capital de la Toscana, sita a 283 km de Roma. Sus lugares de interés son incontables: su magnífico Duomo, la iglesia de Santa Maria Novella, el solemne palacio Vecchio, el Museo de los Uffizi —en el que se conserva «El nacimiento de Venus», de Botticelli—, la Galería de la Academia —con el «David» de Miguel Ángel como buque insignia—, el bello puente sobre el Arno, el palacio Pitti… Todas estas construcciones, legado en su mayoría del Renacimiento, ilustran a la perfección la pujanza económica y cultural que alcanzó esta urbe entre los siglos XIV y XV, de la mano de los más grandes mecenas de la historia del arte: la familia Medici.

Aunque Florencia cuenta con su propio aeropuerto, el de Peretola, en la práctica resulta mucho más cómodo llegar hasta allí aterrizando en el aeropuerto Galileo Galilei de Pisa, otra localidad que sin duda hay que conocer en primera persona. Y como ella, otras urbes de la región, como la majestuosa Siena, que en el período descrito fue capaz de hacer sobra a la todopoderosa Florencia. Mención aparte merecen los encantadores pueblos que salpican la campiña toscana. Algunos de ellos, pintorescos como pocos, son Patrimonio de la Humanidad, como San Gimignano o Pienza. Una distinción que también comparte la genuina Val d’Orcia.

Más información: Florencia

Nápoles

Si bien la caótica y decadente capital de Campania (a 227 km de Roma) no destaca precisamente por su belleza —sino por todo lo contrario—, su casco urbano acoge numerosos puntos de interés, como la plaza del Plebiscito —un imponente hemiciclo con la iglesia de San Francisco de Paula—, el castillo dell’Ovo, el Castel Nuovo, las catacumbas de San Gennaro y San Gaudioso, las galerías de Umberto (1887-1891), los pintorescos Quartiere Spagnoli y, por encima de todo, el Museo Arqueológico, en que se exhiben importantes hallazgos de la vecina Pompeya.

En cualquier caso, los mayores atractivos se despliegan en las proximidades de Nápoles. Además de la mencionada ciudad romana —destruida en el siglo I d.C. por el Vesubio, al igual que la no menos fascinante Herculano—, tomando la línea de tren Circunvesubiana, se puede acceder a otros lugares de gran belleza, como Sorrento, un centro de turismo familiar famoso por la producción del limoncello. A esta lista se suma la cautivadora isla de Capri, las ruinas arqueológicas de Paestum o la incomparable costa de Amalfi, a la que se puede llegar en autobús desde Sorrento.

Nápoles tiene su propio aeropuerto internacional: Capodichino, situado 7 km al noreste de la ciudad.

Más información: Nápoles

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