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No hace mucho que estuve en Venecia, y sinceramente, me encantó pasearla. Llevaba el plano en las manos para no perderme por su intrincado laberinto de callejas, canales y puentes, pero lo cierto es que llegado un momento decidí cerrar el mapa y, literalmente, “perderme”. Es una experiencia sencillamente encantadora. Y no te preocupes porque tarde o temprano, con un mínimo de orientación saldrás al Gran Canal, con lo que estar mucho tiempo perdido es imposible.

Aún así, los que no les guste andar demasiado y prefieran de la tranquilidad de una embarcación, os diré que las tenéis de todas las clases y colores. Lógicamente, tienen su encanto, y es algo típico, así que tampoco puedes dejar de hacerlo.
Lo más barato son los vaporettos, barcos de vapor que son muy turísticos, pero van siempre repletos, y cuyas rutas suelen ser lentas. Por ejemplo, si queréis ir de la estación de Santa Lucía hasta la Plaza de San Marcos casi llegáis antes andando que cogiendo el vaporetto principal que atraviesa todo el Gran Canal. Tened en cuenta tres detalles importantes:

Si buscas un desplazamiento más rápido y cómodo y donde podrás disfrutar mejor, también existen taxis, que son motoras hechas de madera y que por supuesto son individuales. Eso sí, habrás de rascarte el bolsillo, porque son caros.
Los traghetti son como transbordadores que te cruzan de un lado a otro del Gran Canal en siete puntos distintos de Venecia.
Por último, las góndolas. Todos pensamos que es una experiencia única que hay que hacer siempre en Venecia. Merece la pena, desde luego, sobre todo si vas en un viaje romántico con tu pareja, pero eso sí… prepárate porque son muy caras. Los gondoleros trabajan para compañías de góndolas que son las que establecen unas tarifas oficiales que están puestas en unas tablillas en el embarcadero; fíjate bien porque lo que parece un precio fijo, luego resulta que no, que hay que regatear. El precio puede alcanzar hasta los 90 € por 45 minutos. Lo cierto es que cuando nos dieron ese precio, inmediatamente me di la vuelta y me fui. Curiosamente, el gondolero me llamó desde lejos y me bajó el precio. Fue el pistoletazo para regatear. El caso es que al final conseguí que me lo dejaron casi en la mitad, aunque claro, me aproveché de que eran las 2 de la tarde y en esa hora es cuando menos trabajo tienen puesto que los turistas están comiendo, así que con tal de aprovechar te hacen recorridos un poco más corto pero igual de encantador a precios más bajos.
En un próximo artículo os hablaremos de las distintas líneas de vaporettos existentes.
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